En todos los
ámbitos de la vida existen normas, vivimos en sociedad, y aunque muchas veces
esas normas no gusten hay que cumplirlas, o si nos dan opción, consensuarlas.
En general,
a nadie nos gustan las imposiciones, y a los chavales menos. Es mucho más fácil
que acepten algo cuándo ellos consideran que han participado en la decisión.
Por eso, en un centro de secundaria, aunque evidentemente tiene que haber
normas generales, sería mucho mejor poder intentar negociar las normas de la
clase y las consecuencias de su incumplimiento.
Normas como
no comer chicle en clase, a mí me parece cuestión de educación, aunque sé que
es una norma polémica entre los chicos; no ir al baño mientras dure la clase,
levantar la mano para hablar o lo que es mejor, respetar turno de intervención,
no hablar con palabras malsonantes, mantener posturas adecuadas en clase…normas
de este tipo me parecen muy importantes porque implica aprender a “saber estar”.
Podrían plantearse estas cuestiones no como algo autoritario por parte del
profesor, sino mantener en clase una conversación al respecto, de forma que a
través del diálogo ellos vayan entrando en el punto de vista del docente, e
incluso lleguen a ver estos actos mal cuando les hagan los compañeros. Y entre
todos marcar posibles consecuencias “sociales” dentro del aula.
Muchas veces
son los propios chavales los más duros poniendo sanciones.
Conozco una
norma decidida entre los alumnos de una clase de 4º de ESO, y propuesta al
profesor:
Veían que
los días que había examen muchos chicos faltaban las primeras horas para terminar
de prepararlo. Los que acudían toda la mañana esto lo veían injusto y
propusieron que, o daban una buena causa justificada (médica…), o se les
impediría hacer el examen. Parece que el problema se ha solucionado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario